Hasta entonces nunca me habían aterrado de esta forma los aeropuertos.
Lléname de abrazos,
lléname de besos,
creo que anunciaron mi vuelo.
Y entre lágrimas tu figura es devorada por la gente,
y una fiera malholiente clava en mi alma sus afilados dientes.
Quedo con el sabor metálico de la soledad y deshojo el calendario.
Tengo miedo, tengo frío y dudo,
y hago repaso.
Fugaz e indeterminado,
como un sueño ha comenzado esta historia y no sé, en verdad, si fue real.
Quién me iba a decir que te iba a encontrar una noche casual,
yo ejerciendo de torpe sentimental.
"¿Qué haces aquí? A punto estaba de marcharme, qué bueno es encontrarte".
Salimos a caminar a Larcomar,
Y tú y yo inmóviles,
y en torno a nosotros giraban colores,
pasaban horas, rostros.
Pero nada de esto era importante,
"así que háblame de ti y no pares".
Y tú me hablabas de ella, y de tus problemas,
mientras yo acariciaba tus cabellos sobre mis piernas
mi corazón empezaba a acelerarse
y mi mente me decía: "te estas enamorando".
"Cuéntame cómo era todo antes".
Aunque seriamente dudo si en verdad hubo un antes,
sólo recuerdo bien, con nitidez, que hubo un después.
Un Después que duro 3 años...
un después que cuenta nuestra historia.
Entre empujones, entre la gente,
me acerco torpemente con taquicardia adolescente,
en aquella discoteca donde no entra ni un rayo de luz,
pero tú no quieres bailar...
Sé que fuera amanece.
Y tú ya te habías ido...
Nuevos reencuentros en los pasadizos de aquel hotel, y del hospital
nuevas confesiones,
y de repente me veo perdida en un aeropuerto,
con las pesadillas que día a día me acompañan,
cotidianas, con las que me atormento:
Iras a verme verdad?
Tengo miedo de que no encuentres el camino a mi.
Y tengo miedo que el camino de regreso sea mas largo
tengo tanto miedo de que olvides el camino de regreso,
el camino de regreso.
Cambiando el modo de ver nuestros sueños